miércoles, 19 de septiembre de 2007

Del rock a la tragedia

Fotografía: Literatura con amargura. FRANCISCO PEREIRA panchoper@gmail.com

Sentada detrás el vetusto escritorio de madera, la delgada Sor María dictaba su clase de castellano. Exponía que la literatura y la música tienen similitudes, paralelismos y mutua influencia. Olga atenta escuchaba sin sospechar que las palabras en menos de setenta y dos horas le daría una lección.

Olga mantenía una eterna disputa con Sor María, —directora del colegio— por el corto ruedo de la falda, el esmalte de las uñas y el brillo en los labios. Era una adolescente inteligente, rebelde y egoísta.

La directora, con voz chillona e impregnada de zetas españolas, al finalizar la clase y sin aclaratoria alguna exigió:

— ¡Silencio jovencitas, por favor, silencio! Atención, mensaje a García, para el próximo lunes, indagar sobre “Eddy Porrey”.

Ante las evidentes dudas, Sor María se limitaba a responder:

— Si no conocen, indaguen, y quienes no sepan que es Mensaje a García, investiguen. El lunes preguntaré sobre el tema— dijo enfáticamente golpeando de manera reiterada el escritorio con el delgado dedo índice.

Olga conversaba con una amiga y de manera desafiante ignoró a la religiosa

— ¿Olga escuchaste, entendiste lo que hay que hacer?

—Hay si, si, si, ya escuché, ¿cree que soy sorda?— Contestó de forma irreverente.

Sor María con rostro de impotente rabia, la vio y dio la clase por concluida.

Con la obsesión de sobresalir a toda costa entre sus compañeras de clase, el fin de semana, Olga se dispuso a investigar por Internet sobre Eddy Porrey. Para su sorpresa la pesquisa en todos los navegadores fue infructuosa. No encontró señas de algún libro, autor, cantante o conjunto musical. Visitó las librerías y discotiendas de los centros comerciales del este de la ciudad. Hurgó en la librería Técnica, las de Nacho y Las Novedades, y por no dejar, en una tienda de venta de CD especializada. No hubo resultado complaciente. Tomó el metro y dirigió su objetivo a los vendedores ambulantes de libros en los alrededores del Ateneo de Caracas y llegó hasta los libreros mustios de la Avenida Fuerzas Armadas. De regreso a casa hizo la última escala de su investigación en el Buscón, una tienda de libros usados.

El paradero de Eddy Porrey seguía desconocido.

Tan convencida estaba Olga de que no existía alguien importante con ese nombre o una obra con ese título y su soberbia la hacía capaz de invitar cualquier cosa que decidió hacer su propia historia. En una cuartilla —que era lo exigido— escribió la biografía de un joven cantante.

A primera hora del lunes, sus compañeras de clase consignaron la investigación. Olga llegó cinco minutos tarde al salón y con aires de superioridad que la caracterizaba, entregó en una carpeta manila con el título: “Eddy Porrey, duro del rock”.

Sor María la tomo en sus manos, con detenimiento la observó con un gesto de duda y que transformó en regodeada satisfacción, la colocó sobre el escritorio. Alzó su cabeza y dijo.

—Saquen una hoja para hacer la evaluación

Olga estaba lista para responder cualquier pregunta de su historia fabulada, con una sutil sonrisa irónica esperó las palabras.

Sor María fijó la mirada en los ojos de Olga, de manera pausada dio un giro hacia la pared. Su mano invitó a la terrosa y blanca tiza a bailar en el césped del pizarrón un minuet de celebración anticipada. Y en impoluta caligrafía inglesa escribió:

— ¿Cuales son las características principales, de los personajes en la tragedia griega, escrita por Sócrates titulada, Edipo Rey?

Olga no lo podía creer, no emergía de su asombro. Miró a su alrededor a las compañeras con angustia, las flamas de rabia consumían su ego. Todas con la cabeza agachada escribían. Sor María observaba.

Olga una vez más se distinguió de sus compañeras, en esta oportunidad con la hoja en blanco. No supo que responder, lo que para ella fue toda una tragedia y para otras una comedia.

5 comentarios:

Pancho dijo...

Ja ja ja muy bueno el relato, lo mejor de todo es que estoy seguro que esas cosas pasan :-)

Un fuerte abrazo

Iéxhica dijo...

...Chertamente!

Oye francisco, gracias por visitar mi blog, que bueno que te haya gustado los cuentos que allí echo.

Que bueno que incursiones en la weblosfera, sabes que para mi,esto es un ejercicio para la mente y el alma y por ello te invito a practicarlo :P

Estamos en contacto.

Aspasia, La Hetaira dijo...

me has sacado una sonrisa con tu historia... gracias por ello, en verdad, la necesitaba...
Un comentario me ha traído a tu blog, y una curiosidad es lo que me lleva a preguntarte: un triste sueño? cuál? si se puede saber claro está...
Saludos desde este lado del espejo...

MoonWalker dijo...

Lo grande de los clásicos es que sobreviven cualquier cosa...

Anónimo dijo...

Me he reido mucho con este historia!!! pobrecita esa muchachita, seguro que la monja lo pronunció mal a propósito!
VG