viernes, 22 de agosto de 2008

Humo de letras

Fotografía: With Pipe and Book. GREGORY PEASE. http://www.flickr.com/photos/glpease/2476751268/

Su estudio es la cueva que lo alberga en días luminosos, tardes de lluvia y madrugadas silenciosas. Allí, en su intimidad, se encuentra con las ilusiones, miedos, alegrías, amores y desengaños, porque la lectura y la escritura son un acto que abraza la soledad. La luz incandescente intensifica el amarillo pálido de las paredes. Frente al escritorio, en la silla ocre se sentó, y su espalda, en los tramos pandeados de la biblioteca, los libros esperan que sus dedos los toquen, sus hojas desean sentir la luz y su mirada. La lámpara en el techo, se refleja en el vidrio transparente, comprime el fieltro verde y las imágenes que le llevan al pasado cercano y remoto. En minutos, su pensamiento iniciará un viaje que le dará horas de paz.

Toda su vida le ha desagradado el olor del cigarrillo, pero a él le gusta fumar pipa cuando lee o escribe. Concibe el acto como el rito de un chamán. En cada inhalación las palabras toman cuerpo, y en la exhalación los pensamientos se elevan.

Sobre el escritorio, a la izquierda, la pipa reposa sobre un pedestal de madera. La toma y acaricia la superficie lisa, opaca por la pátina del tiempo. La boquilla muestra las marcas que ha dejado en ella por el uso. La separa del cuerpo de madera, la desarma y limpia con sutileza para extraer las impurezas. Contra la lámpara, mira a través de su conducto para cerciorárse de que no exista obstrucción. Con ligero empuje, calzan, se unen, macho y hembra se acoplan. La introduce dentro de la petaca que emana un aroma embriagador. Los trozos de tabaco la llenan. Su dedo ajusta la picadura, las hebras se condensan lo justo, lo necesario.

Levanta su cabeza y se pierde en la hojas dibujadas, pegadas a las blancas puertas del closet: monstruos voladores azules y rojos, un cohete que coquetea con las estrellas, el cangrejo naranja flirteando con olas azules del mar, Hulk con sus enormes puños verdes y unas letras policromas que dicen; papi te quiero.

Se volteó, los títulos competían en los lomos de colores. La mirada recorrió una y otra vez cada estante, de arriba abajo. Extendió el brazo y el índice decidió, haló a quien lo acompañaría esta noche. Un libro tímido, pequeño y flaco fue el favorecido. Lo colocó sobre el escritorio.

Llevó la pipa a la boca, arropada por la comisura de los labios, la sujeta con los dientes. Hala la argolla de bronce, toma la cajetilla y saca de ella un fósforo, lo rasga contra la tira áspera y una chispa lo enciende, ilumina sus dedos. Acerca el fuego a la picadura y con inhalaciones la llama se excita, el humo grisáceo, grueso, invade el rostro y una nube pinta el aire. El aroma a vainilla irrumpe el ambiente.

Cruza la pierna sobre la rodilla, toma el pequeño libro, al azar, selecciona una página, lo posa sobre su muslo, exhala una bocanada de humo y lee de Jaime Sabines:

LOS AMOROSOS

Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.

Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.

Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.

Se amolda la pipa en su mano; cóncavo y convexo. Los labios entreabiertos expelen el humo que calma la ansiedad y centran su espíritu.

Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre —¡qué bueno!— han de estar solos.

Los amorosos son la hidra del cuento.
Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.

En la obscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.

Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.
Los amorosos son locos,
sólo locos,sin Dios y sin diablo.

La picadura crepita con cada aspiración, el fuego actúa con elementos afines. Expulsa, múltiples cintas que danzan en el aire, es la comunicación mística con el universo a través del humo, del fuego. Las palabras y el humo se elevan, se seducen

Los amorosos salen de sus cuevas,
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor como en una lámpara de inagotable aceite.

Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.

Un recio sabor contrasta con el aroma. Su rostro se cubre con otra bocanada de humo, se desdibujan las letras. Su mano siente el calor de un incendio como la ascensión de la kundalini; el calor de la vida, el calor de la palabra.

Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo, complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.

Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida.
Y se van llorando, llorando
la hermosa vida.

Sus párpados se cerraron por unos largos segundos, en búsqueda de la neutra oscuridad, tomó la pipa y la mantuvo en la mano, su pensamiento daba sentido a las palabras enardecidas. Abrió los ojos y miró al frente uno de los tantos dibujos; de una lámpara de aceite amarilla, sale una voluta de humo que se transforma en un genio. El genio que acompaña a cada hombre como su doble, su demonio, su ángel guardián, su consejero, su intuición.

Inhaló la pipa, pasó la página y prosiguió inmerso en el aroma de la lectura.


10 comentarios:

Ileana Hernández G. dijo...

Pancho: Te superas con cada spot que tejes. Tu sensibilidad se expresa con la brillantez de quien ha madurado cada palabra; de quien ha buscado el adjetivo y lo ha exprimido hasta sentir que es el que se adecúa. No tengo sino que felicitarte y por favor no dejes de alegrarnos la vida. Tu montaje además estuvo perfecto: combinar con el video fue un acierto.

Luisa Elena Sucre dijo...

Querido amigo, tejedor de palabras y emociones: acabo de sumergirme en este maravilloso texto híbrido entre la narración tuya y la extraordinaria poesía de Sabines… un viaje fascinante que me atrapó y que fue sellado con broche de oro con el video de Sabines leyendo “Los Amorosos”. Estoy realmente impresionada, fascinada por este post maduro, lleno de maestría y que me habla de una evolución fascinante de tu escritura. Sigue así por favor, lo tuyo son las letras… Gracias una vez más por este regalo hecho con la mejor tela.

Pedro Luis dijo...

excelente hermano! lleno de sensaciones familiares!

Pedro Luis dijo...

Excelente hermano!
lleno de sensaciones familiares!

Mitchele Vidal dijo...

Todo un post "multimedia". Narrativa, poesía y video.

Clap, clap, clap!!!

Mua!

Mitchele Vidal dijo...

Todo un post "multimedia". Narrativa, poesía y video.

Clap, clap, clap!!!

Mua!

Anónimo dijo...

Bello, muy detallista en la descripción, realmente pude verlo leyendo, fumando, pensando, disfrutando.
Voy a dedicarme poco a poco a leer todos tus posts.
Besos,
Kristin

Kari-Kari dijo...

Genial Pancho. Me gusto tu manejo de las sensaciones. Disfruté mucho esta entrada.

Saludos,

Karina

PIER BIONNIVELLS dijo...

Precioso..
Esta leno de detalles, de momentos..
que bien pasar a leerte..Me gusta esa sensibilidad que posee cada linea...

que estes bien.

abrazos.

Rodrigo dijo...

Aunque pasaba con poco tiempo, me daba un salto para saludar y regresar con más tiempo para leer bien tus entradas, cudiate un saludo