domingo, 11 de mayo de 2008

Pasado recurrente

Fotografía: Francisco Javier en azul y rojo. FRANCISCO PEREIRA panchoper@gmail.com


Cerrar puertas se había convertido para Esteban en todo un dolor de cabeza. El movimiento lento de ellas y el golpe de la cerradura al batirla contra el marco retumbaba en su inconsciente. Cruzar el umbral de dos metros diez de alto y dejar atrás o enfrentar un nuevo espacio, o suceso, le generaba temores. Empuñar el pomo, empujar o halar, trancar, dar por concluido un episodio incómodo causaba en él palpitaciones que le oprimían el pecho. Cerrar la reja del preescolar sería un recuerdo que perduraría en él durante toda su vida.

Como todas las mañanas los párpados de Esteban anidaron los dulces labios de su madre. Las tibias manos se posaron por sus mejillas y los dedos se enraizaron en el cabello con una caricia. Había que alistarse para ir al preescolar.

Un grueso e impecable bluyín con un doblez como ruedo y la camisa de un blanco impoluto ponía de manifiesto la dedicación de su madre. Trenzó sus negros zapatos. Tomó el bulto de plástico marrón con las letras A, B y C impresas en colores, introdujo el silabario, los creyones de cera, un cuaderno de rayas y un block para dibujo. Con un beso en la frente lo despidió de manos de su padre.

El jardín del preescolar se le hacía extenso. El césped verde era interrumpido por losetas de concreto que apuntaban hacia la reja negra del estacionamiento, anclada a la vetusta pared enraizada por una hiedra. Los niños gritaban, corrían de un lado a otro. Algunos sentados en la escalera que conducía a la puerta principal hablaban, canjeaban metras, las niñas hacían una ronda y saltaban la cuerda. Otros correteaban detrás de un balón que golpeó las loncheras metálicas que contenían las meriendas.

Esa mañana, la reja del preescolar había quedado abierta. Un grupo de niños decidieron cerrarla, le pidieron ayuda a Esteban. Sus manos gráciles colaboraron, impulsaron con la fuerza que sus brazos permitían. La reja cedió y empezó a moverse lentamente, peinaba las hojas de grama. Un sonido desafinó, las bisagras cedieron y la reja se desplomó, impactó el piso en un estruendo compacto. Todos los niños corrieron, huyeron asustados. Esteban permaneció allí, inmóvil, con las manos sucias, observaba la reja en el suelo.

La maestra salió al jardín y preguntó.

-¿Qué ha pasado, quién ha sido?

Todos al unísono voltearon, señalaron a Esteban. Sus manos estaban marcadas.

El jardín se torno violeta, los dibujos de los muros perdieron sus contornos, eran difusos, no hubo aire que propagara el sonido, el pecho se le oprimió, la hiedra lo envolvió en miedo, la angustia le asaltó el corazón.
.
Él no lo podía creer.

En un rincón con la mirada limitada en la convergencia blanca de dos paredes, la injusticia se derramó de sus ojos en gotas cristalinas de inocencia.

14 comentarios:

Rodrigo dijo...

que feo momento para Esteban pero que bien contado, era como estar ahi, ¿quien no ha pasado una que otra mala experiencia en el colegio?, excelente como siempre

abril dijo...

Tendré que hurgar en mi memoria para encontrar la causa de mi temor de cerrar puertas.... no creo que sea que nos hayan indicado más bien aprender a abrirlas... para ir a jugar

Mariángel dijo...

Le faltó decir "Yo no fui"... Pero que compañeritos tan malos.. como dicen has fama y acuestate a dormir. =( ¡Que injusticia!

Ileana Hernández G. dijo...

¿Te atreverías a leerlo de nuevo? . Despues del arreglo y el pulimento te salió como un verdadero cuento. Su narrativa, descripción y su final un tanto inesperado. Ya te veo más adelante contando "La casa parecía vacía...

Luisa Elena Sucre dijo...

Tu tela me llevó de paseo a la infancia, me conectó con las puertas abiertas, cerradas, invisibles, pequeñas y grandes… con la sensación de quedarse solo, indefenso, a merced de lo que dice el mundo. Gracias por este regalo tan bien logrado de tu telar. Ah, por cierto, la foto de Francisco Gabriel es absolutamente hermosa, es pura inocencia rodeada de azul y rojo.

ASPASIA dijo...

Palo... palo a la piñata... !!!!

Waiting for Godot dijo...

Esteban me ha arrugado el corazoncito. Besos para ti.

carlota dijo...

Pobrecito Esteban, duro comienzo escolar. De todos modos he pensado... menos mal que no se desplomó la verja sobre ningún niño, como ha habido casos aquí. Un beso, Pancho.

Mitchele Vidal dijo...

"...la injusticia se derramó de sus ojos en gotas cristalinas de inocencia."

Esta es una hermosísima imagen Paco.

Aurora Pinto dijo...

Hola, Pancho, hermoso recuerdo de infancia y hermosa foto de tu chamo...

Cariños,

Patricia dijo...

Vengo a agradecer tu comentario, he encontrado tu nombre de casualidad, como has comentado en un álbum antiguo no te vi (excusa). Pero ya estoy aquí. Decir que tienes un interesante lugar, felicitaciones.

Dejo mis saludos desde Santiago de Chile.

PIER BIONNIVELLS dijo...

Pobre esteban! ta pequeño y ya tiene en sus hombros una culpa no suya..
Se ha dejado embargar por el miedo.. y con ello el silencio..
abrazos.

Mr Oliver dijo...

Epa!. Es Oliver del taller. Muy bueno, me gusto el final que le pusiste. Coloca el de la casa, que nunca tuve oportunidad de leerlo. Saludos.

Gilberto dijo...

Pobre Esteban. Hermano, la verdad disfruto un mundo pasar por aquí a leerte, me encanta el cuento y la narrativa urbanos, gracias por tus letras.