martes, 1 de enero de 2008

Nubes de un tiempo perfecto

Fotografía: Mirada hacia las nubes. GUADALUPE GÓMES SALAS

Luego de la jornada de trabajo, caminar por el parque triturando las hojas secas de su pensamiento era la rutina para llegar a la soledad su casa. El recorrido entre los frondosos árboles que proyectaban sus sombras y las emanaciones florales aumentaban la amenidad de la tarde. Lleva consigo los vinos que le regalaron sus clientes en el banco, un gesto de reconocimiento de fin de año por contar con exactitud el dinero ajeno. En el recodo de la caminaría, los setos de gladiolas dan paso al prado que intensifica su verdor por los ambarinos rayos de luz que advierte el atardecer. Para su sorpresa, en un manto de desvencijadas y crujientes hojas yacía un hombre de corta y descuidada cabellera entrecana. Cauteloso se acercó, detalló con precisión su rostro gastado, de barba hirsuta, los párpados pétreos mantenían sus ojos profundos con la mirada fija en el cielo. Su vestimenta percudida, un bluyín decolorado y sucio por la faena y la franela que le identificaba como empleado de la Alcaldía. A su izquierda, recostado de una bolsa llena de hojas, el rastrillo metálico destartalado reposaba agotado por la faena. Con los brazos firmes como su mirada, extendidos hacia el cielo sujetaba el firmamento que estaba a punto de caerse sin piedad y aviso alguno.

— Disculpe amigo, ¿que hace? —preguntó

—Te sostengo el cielo para que no te aplaste— sólo movió sus labios, manteniendo el cuerpo rígido como si se tratara de una tarea de alta precisión.

El comentario gracioso ocasionado por un excéntrico feliz le asomó una leve sonrisa, y para seguir la corriente, le preguntó.

— ¿Y como lo hace?

—Viendo las nubes, sintiéndolas, viajando en ellas. —respondió— fíjate como cambian de forma, todo depende de la velocidad del viento y la intensidad y ángulo de la luz con que las acaricie el sol. No tienen prisa, no tienen hora, días ni años. Son simples nubes, nada más que nubes. Se transforman, van danzando por los aires, de un lado a otro. No tienen hora para aparecer ni desaparecer. Sólo quieren ser neblina para acariciar nuestros rostros o nubarrones para brindarnos su agua. Pueden ser tormentas poderosas o brisa sutil. Danzan, danzan y danzan, sin descansar como bailarinas ligeras, gráciles.

— ¿Cómo te llamas? — preguntó el anciano

—Aníbal

—Hermoso nombre, de origen fenicio, significa “el que tiene la gracia de Dios, de sentimientos verdaderos”.

Un juicio de valor le hizo causar extrañeza por el comentario.

—Acuéstate a mi lado, regálate tu tiempo— palmeó suave con su ruda y callosa mano derecha el suelo haciendo crujir las hojas secas.

Aníbal se mostraba preocupado por no llegar a tiempo a su casa aunque en ella solo le esperaba la soledad compartida con libros, un ordenador, la cama y un televisor. Sin embargo se dejó llevar por sus instintos.

—Atardece, se me hace tarde para llegar a casa, esta noche es año nuevo. — le respondió.

—Ven, siente con tu espalda la tierra y con tu pecho el cielo. Respira, no es tarde ni es temprano, es un momento, el ahora, parte del ciclo del día y la noche. No hay año nuevo ni año viejo, sólo vida, existencia, transformación continua en imperecedera, nada es malo ni es bueno, simplemente es. Día a día las nubes nos regalan sus formas infinitas en el cielo y nosotros creamos las formas que deseamos ver.

Con el recelo de quien habla con un loco y teme por su integridad personal, Aníbal fue agachándose lentamente y se acostó. Distendió sus brazos y piernas, sintió el olor a tierra y el crujir del seco colchón vegetal.

—Relájate y mira con acuciosidad las nubes.

En unos segundos ya estaba inmerso en una perspectiva diferente.

— ¡Mire!, —con asombro dijo Aníbal— aquella parece una cara de elefante con la trompa. Y…, aquellas arreboladas son un ramo de flores, ¿las ve?. Y a la derecha… ja, ja, ja, un conejo de largas orejas.

—Apuntalas tu firmamento, vuelves a ser niño. Cuando eres niño las referencias del tiempo son vivencias, no existen fechas, sólo momentos especiales; el fin de semana en la playa, la piñata del cumpleaños, la llegada de Santa o el Niño Jesús, la campana del colegio que marca el fin de la jornada. Tus parámetros de tiempo eran las fechas y momentos que te parecían importantes. Las convenciones son los límites del mundo de los grandes, de los adultos, de los mortificados, de los ambiciosos, de los que nada más buscan en Cristo, Buda, Mahoma, Krishna y todas sus variantes mediáticas y comerciales la razón de la existencia o la fortaleza de su columna para sostener la vida sin echar una mirada en su interior, en su esencia, en su alma. Lo principal de los puntos del ahora que conforman lo que llaman la línea del tiempo es la excelencia, porque en ella priva el mayor grado de bondad que es la razón de la perfección, por eso, para los niños no existe el tiempo. ¿Entiendes porque se dice que el tiempo de Dios es perfecto?

—Eso creo— contestó Aníbal con una mirada de duda, asombro y curiosidad por ese hombre.

—Aníbal, ves aquella nube, ¿Qué te hace ver?

Sumergido en un torrente de imaginación le responde.

—Para mí… humm… es un cofre— aseveró.

—Obsérvala fijamente, luego cierra tus ojos e introduce las manos en el y a ver que consigues.

—Humm…, flores…, muchas rosas.

—Son las flores que están sembradas en ti, por alguna circunstancia las semillas llegan y ellas florecen en el momento menos esperado porque no hay un tiempo determinado. Liberan todos sus colores y aromas. En muchas ocasiones de forma desafortunada quienes te ayudan a sembrar no comparten el disfrute de la cosecha porque le pusieron tiempo a la espera, fueron impacientes, se volvieron adultos, olvidaron su niñez.

Hubo un intenso y plácido silencio que zumbaba en los oídos de Aníbal. Sentía el cuerpo flotar en la vacuidad de su pensamiento.

Lentamente fue abriendo los ojos, emergiendo de ese momento de solaz. Sorprendido se vio rodeado de miles de flores multicolores. Viró su cabeza en búsqueda del anciano, necesitaba una explicación que solo estaba dentro de él. Giró su cabeza, miró hacia un lado y hacia el otro hurgó con la mirada entre los arbustos y la caminería. No lo consiguió.

Las campanas blandían e inundaron con su tañido el aire, doce campanadas en total y los fuegos de artificio anunciaban en el mundo de los adultos el inicio de un nuevo año.

Desconcertado, Aníbal se incorporó, suspiró, se sentó en un banco, sacó de su bolsillo una pequeña navaja, descorchó la botella que traía y de un trago enjuagó su garganta. Miraba extasiado las luces que se expandían formando gigantescas esferas y luego como pétalos de rosas se precipitaban perezosas sobre el parque. Disfrutó el momento.

El firmamento estaba seguro.


15 comentarios:

carlota dijo...

Pancho: qué hermosa manera de comenzar el año. Eres un poeta, amigo, es un placer leer tus historias. Un abrazo enorme, y otro para Anibal.

Marta Elena dijo...

Que lindo! me encantó el cuento.

Angie Sandino dijo...

Me encantó esta historia, es como despertar al niño que llevamos dentro y recuperar nuestra capacidad de asombro!

Feliz 2008!

Ileana Hernández dijo...

En este 2008, te deseo que como Anibal puedas sentir la maravilla de ser niño ( aunque sea un momento) tejiendo con tus palabras llenas de belleza, este blog para solaz de sus lectores. Feliz Año, todo el año.

Mitchele Vidal dijo...

Triturando las hojas secas de su pensamiento, bella frase Paco. Feliz 2008 amigo.
Desde Florida, mientras te escribo, veo titilar la lucecita que indica en que parte de nuestro atormentado planeta te leen.

Un beso,

Ivana Carina dijo...

¡Que hermosa historia....!!!!
Te felicito, sos un genio!!!!
Miraré más seguido las nubes....
Un beso desde la Patagonia Argentina!!

Luis Xavier Luján dijo...

Pancho te felicito por tus escritos y por tu constancia. Para tí y tus lectores feliz 2008. Un fuerte abrazo.

RosaMaría dijo...

Entrañable relato. Es una maravilla surgida de un corazón sensible. Gracias por hacernos sentir niños unos momentos.

kiri-dido dijo...

Me ha encantado! Un beso.

Waiting for Godot dijo...

Qué bonito! :) Me encanta. Muchos besitos.

IMAGINA dijo...

Qué bello relato!
Yo siempre veo formas en las nubes, y no veo ni una ni dos, ni tres, sino mil. Es mi gran entretenimiento cuando agarro la autopista regional del centro, que lo suelo hacer con una cierta frecuencia.
Nunca he logrado que mis hijos vean las cosas que yo veo, aveces muy difíciles de explicar porque son animales de dos cabezas o un cochino con cuerpo de ángel....
Que tengas un maravilloso 2008

cielo azul dijo...

Que bello relato!!!

Me provocó muchos sentimientos y sensaciones.

Saludos desde mi cielo!

Luisa Elena dijo...

Tu relato me trajo el recuerdo de las nubes de mi vida y sus infinitas formas llenas de significados. Gracias por este viaje... y por sostener el firmamento con tus tejidos de palabras.

La rusa Joropera dijo...

Así es... y que es el tiempo?,lo que deseamos en un momento que se paralice y a veces deseamos que pase rápidamente para poder olvidar.. pero existe? Yo tengo la certeza que no, siempre estamos en el aquí y ahora.
Disfruta de las sombras y de la voz interior que te dicta esta maravillosa literatura, y nunca nuca dejes de compartirla con nosotros tus lectores. Para mi es un aprendizaje acelerado. GRACIAS de corazón muchas gracias!

Fujur dijo...

La verdad es que está muy interesante... ;-) un abrazo!