
Valenzuela es el apellido de una familia acomodada que tenía un cerdo el cual no hacía más que comer y gruñir durante el día y la noche. Fue el regalo de unos amigos granjeros para los niños. Obsequio que haría del porvenir de la familia y vecindario todo un calvario.
Le dieron por nombre Hugüi. Sus ojos pequeños, una colita entorchada, un hocico cilíndrico y rosado conjuntamente con su boca le dibujaban una sonrisa sardónica. Distaba del célebre cerdito inglés de la pantalla grande, “Babe”.
¡Joinc…, joinc!, gruñó el cerdito en varias oportunidades demostrando sus cualidades futuras de comunicación. ¡Joinc…, joinc…, joinc! continuó sin parar el chancho.
Transcurrido el tiempo, los Valenzuela construyeron en el jardín donde cultivaban calas y gladiolas un corral para su mascota. El vecino, Juan Carlos, por intuir el futuro que se le aproximaba, se opuso y denunció ante las autoridades sanitarias la presencia del animal en una zona residencial, sin embargo, no contó con el apoyo de los vecinos y no logró evitar tal atrocidad.
El gruñir del cerdo con el tiempo se hizo más fuerte, repetitivo, latoso, no dejaba de emitir sonidos desagradables desde el amanecer. Su corpulencia iba en aumento por su propia angurria. El jardín donde hubo fragantes y coloridas flores se convirtió en un inmenso y nauseabundo corral, inundado por un charco negro, pegote repugnante en el cual Hugüi se revolcaba a placer.
Los Valenzuela veían como día a día su casa se deterioraba ante la presencia del nefasto animal. Sin embargo, en el vecindario muchos se hacían de la vista gorda ya que advertían en Hugüi; lomo, jamón, chicharrón, tocineta y pernil.
Juan Carlos, no soportaba la vaharada que emanaba del aposento del cerdo y menos aún los sonidos incesantes, eran estiletes que punzaban sus oídos. Ante su desesperación tomó una escalera, subió hasta el tope del seto de rojas cayenas y con rostro desmesurado, señalándolo como si fuese una persona, espetó:
— ¡Por qué no te callas!
Hugüi giró su corpulento cuerpo de tocino, le miró con los diminutos ojos hinchados por la manteca y respondió:
— ¡Joinc…joinc…joinc…!
Juan Carlos, mirándolo absorto caviló con un mohín en su rostro, se dijo;
Le dieron por nombre Hugüi. Sus ojos pequeños, una colita entorchada, un hocico cilíndrico y rosado conjuntamente con su boca le dibujaban una sonrisa sardónica. Distaba del célebre cerdito inglés de la pantalla grande, “Babe”.
¡Joinc…, joinc!, gruñó el cerdito en varias oportunidades demostrando sus cualidades futuras de comunicación. ¡Joinc…, joinc…, joinc! continuó sin parar el chancho.
Transcurrido el tiempo, los Valenzuela construyeron en el jardín donde cultivaban calas y gladiolas un corral para su mascota. El vecino, Juan Carlos, por intuir el futuro que se le aproximaba, se opuso y denunció ante las autoridades sanitarias la presencia del animal en una zona residencial, sin embargo, no contó con el apoyo de los vecinos y no logró evitar tal atrocidad.
El gruñir del cerdo con el tiempo se hizo más fuerte, repetitivo, latoso, no dejaba de emitir sonidos desagradables desde el amanecer. Su corpulencia iba en aumento por su propia angurria. El jardín donde hubo fragantes y coloridas flores se convirtió en un inmenso y nauseabundo corral, inundado por un charco negro, pegote repugnante en el cual Hugüi se revolcaba a placer.
Los Valenzuela veían como día a día su casa se deterioraba ante la presencia del nefasto animal. Sin embargo, en el vecindario muchos se hacían de la vista gorda ya que advertían en Hugüi; lomo, jamón, chicharrón, tocineta y pernil.
Juan Carlos, no soportaba la vaharada que emanaba del aposento del cerdo y menos aún los sonidos incesantes, eran estiletes que punzaban sus oídos. Ante su desesperación tomó una escalera, subió hasta el tope del seto de rojas cayenas y con rostro desmesurado, señalándolo como si fuese una persona, espetó:
— ¡Por qué no te callas!
Hugüi giró su corpulento cuerpo de tocino, le miró con los diminutos ojos hinchados por la manteca y respondió:
— ¡Joinc…joinc…joinc…!
Juan Carlos, mirándolo absorto caviló con un mohín en su rostro, se dijo;
Cerdo no llega a viejo y cada cochino tiene su sábado.
15 comentarios:
JAJAJA cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
Que hombrecito para incordiar!
VG
JAJAJA cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
Que hombrecito para incordiar!
VG
Pancho, que oportuno!
A cada cochino le llega su Diciembre!
besos
ira-cunda
jajajajajaj genial, simplemente genial la parodia.
Muy interesante tu blog,me ha gustado y te voy a seguir
Ja ja ja, porque ser� que esta historia me suena de algo ;-)
En general la desafortunada intervenci�n de Juan Carlos, ha dado mucho que hablar; y digo desafortunada porque si bien es cierto que el cerdo impertinente queda como lo que es un ruidoso animal, realmente se ha desviado mucho la atenci�n de lo que realmente hab�a que resaltar que era la intervenci�n de ZP pidiendo respeto y que no se puede pedir respeto si te la pasas diciendo descalificaciones a los dem�s.
En fin como dicen por aqu� a todo cerdo le llega su San Andr�s...
S� que tengo olvidado un poco mi blog, este mes ha sido muy complicado en el trabajo y llego con pocas ganas de encender el ordenador :-s a ver si esta semana lo pongo un poco al d�a ;-)
Un abrazo primo y nos vemos en el espejo...
Francisco, que bueno te quedó este cuentito producto de tu imaginación y que nada tiene que ver con la realidad jajajajajajajaja
Muy bueno, en serio!
hummm.. es real la historia?
será que algún día al nefasto cochinito lo harán jamón, tocineta, costillitas, o cualquiera de sus derivados? espero que sea pronto.. lo malo es que cuando eso ocurra posiblemente el que se lo como tendrá una indigestión, pero no importa... todo sea por desaparecer al odioso animal.
Ay Paco!! Ya veo que estás como Laureano Márquez advirtiendo que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia! No vaya a ser que le pongan una demanda a tu blog!
Yo también espero que le llegue su sábado!
Mua!
Esperemos que ese sábado sea prontito!!!!!!
cariños!
Jajajajaja.
Disfruté mucho tu relato.
Los hechos también los disfruté.
Y la foto, una joyita, más que oportuna.
saludos,
Mañana es sábado! Besos.
Oye, pues el mío no, jaja...ya decidimos hace tiempo que nuestro cerdo se haría viejito aquí, en casa...me encanta como escribes, y tus historias. Un abrazo.
LO LAMENTABLE DE LA HISTORIA REAL,ES QUE EL SABADO SE ESTA TARDANDO EN LLEGAR.Y SI ESE DIA LLEGA,NI LOS CARROÑEROS QUEDRAN HUNDIR EL PICO EN SEMEJANTE PORQUERIA.
Y lo peor de todo es que el chanchito está convirtiendo todo el vecindario en chiquero y no solo él es el que gruñe, sino algunos animalitos vecinos lo imitan a cabalidad.
Buena historia! Un saludo.
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