
En cada violación Saúl dejaba pegada en el pubis de sus víctimas una imagen de Priapo. Violar mujeres mayores de cincuenta era su obsesión. Desde que sufrió disfunción eréctil, cada vez que iba a dar rienda suelta a su idea toma un coctel de Viagra, Cialis y Levitra.
Ayer la Señora Maruja Valdivieso, esposa del comisario de la Policía Criminal, iba de visita a casa de su hija enferma. Saúl la avistó, la siguió y en el carro la violó.
Al llegar, la hija le preguntó.
―¿Mamá y esa sonrisa tan grande?
A lo que respondió.
―Por verte mejor.
Desde entonces la estampita de Priapo reposa en un marco de plata en la mesa de noche de la señora Maruja, así como en casa de Lucila, Marina, Yolimar, Mildred y pare de contar.
7 comentarios:
¿Donde está Saúl? ¿alguien sabe? Espero que no esté preso...
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¡Qué deliciosamente aterrador este relato Pancho! Me encantó... (y la foto está de "muerte"). Felicitaciones.
Me ha gustado la ironía final del relato.
Sería buena idea que algún día publiques la reacción de Saúl.
Tremendamente genial y bueno. Te felicito.
Salvador Pliego
http://salvadorpliego.wordpress.com/
Pa' que tú veas!
jajaja... Me encantó, yo también quisiera tener una estampita de esas. Qúé susto se iba a dar el Don si nos encontráramos.
Muy buen relato!
mmmmm... ¡Un poco machista el cuentito, tocayo!
Saludos desde Argentina.
Muy bueno!!!!
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